Tatiana Sonnenholzner. Alumna del Diplomado en Gestión de Gobierno y Liderazgo Político.
Hasta hace algunos meses, formaba parte del 61 % de personas a nivel global que sienten resentimiento hacia la política, según el Edelman Trust Barometer de este año. Irónicamente, ese sentimiento estaba alimentado por mi constante interés y búsqueda de información sobre la política de mi país (Ecuador) y del mundo. Esa relación, un tanto tóxica, entre la decepción y la pasión me llevó, finalmente, a radicalizarme.
Me refiero a la etimología de la palabra “radicalizar”: volver a la raíz, a lo esencial, a lo básico. Y para mí, esa raíz es la educación. Así fue como llegué al Diplomado en Gestión de Gobierno y Liderazgo Político de la institución educativa ALEPH. La formación y la actualización de conocimientos son claves para recuperar la fe en el poder transformador de la política, y también la receta para que quienes decidan participar, o asesorar, lo hagan con principios claros y sólidos.
Este espacio académico permite llenar vacíos, perfeccionar habilidades e innovar en las estrategias. La academia es ese lugar seguro donde se puede fallar, preguntar, contrastar ideas y recibir, de parte de expertos, no solo teoría, sino experiencia real que puede adaptarse a nuestro propio contexto.
Para mí, este curso fue profundamente enriquecedor. No solo fortaleció mis competencias como profesional, sino que me ayudó a reconciliarme con una ciencia que necesita, cada día más, personas capaces y comprometidas. Fue una transferencia de conocimientos sin dogmas, sin verdades absolutas, entre compañeros de distintos países y trayectorias, con docentes activos en el sector público y privado, y con miradas ideológicas diversas.
Para quienes ya están radicalizados, es una gran oportunidad para reaprender desde la raíz. Y para los indecisos, una inversión invaluable para formarse y actuar con mayor conciencia y eficacia.
Porque volver a la política, desde la educación, es volver a creer.
